Carlos pintaba. Se graduó en Bellas Artes y pintó cantidades de cuadros que le valieron premios y reconocimientos. Pero si ahora sigue pintando, sólo es con una cámara.

No cae en dictados de modas tecnocráticas, de hecho no sigue modas, crea las suyas propias. Tiene un estilo personal que permite que las fotos firmadas Gilgamundi se identifiquen de inmediato. Pinta con pixels tal como lo siente. Si imagina un color anaranjado para acompañar su mundo onírico, no duda en poner un filtro naranja a la antorcha y exponerse a las críticas de los obsesos del balance de blancos. Tampoco duda en quemar una luz si esto refleja mejor su visión. Lo comprendí cuando vi, en su casa, un cuadro que pintó hace tiempo y representa dos ancianos a contraluz delante de una ventana. La luz que procede de la venta está quemada. Carlos no pintó ningún detalle, es blanco liso. Le hubiera resultado muy fácil hacerlo. Podía haberse desplazado, entornado los ojos o simplemente imaginado, pero pintó la luz quemada porque es así como la estaba viendo, es así como la escena cobraba sentido para él. Y así sigue haciendo con la fotografía: compone las imágenes tal como las ve, con sus ojos o con el alma, indiferente a los que se obstinan en confundir el arte con la ingeniería.

Si la cámara es su pincel y sus lienzos una pantalla, sus tubos de pinturas son las modelos. Tiene una manera muy personal de dirigirlas con libertad. Una vez maquilladas y decidido el estilismo - al que dedica tiempo y pasión - Carlos les proporciona indicaciones sobre lo que pretende conseguir, luego les brinda la oportunidad de buscar dentro de ellas los sentimientos y las poses acordes con estos propósitos. Pone la imprescindible música con un volumen alto - posiblemente porque considera más importante que queden inmersas en el ambiente que sujetas a sus indicaciones – y las va guiando sutilmente dando la equivocada impresión de que son ellas que dirigen. Para quien pueda asistir a una sesión de Carlos, resulta evidente que las modelos disfrutan mucho con la experiencia.

No es de extrañar que las modelos que posan para Carlos estén siempre dispuestas a repetir: una sesión con él es una cura de belleza, de cariño y de autoestima. En cierto modo, Gilgamundi es un coach de modelo: les enseña a aprender de ellas mismas y así conseguir expresar lo que sienten para crear juntas a él. Creo que en cierto modo, también crea modelos, que por poca o mucha experiencia que tengan, consiguen ser diferentes cuando trabajan con él.

Además tiene otro secreto: sus modelos entran a formar parte de su familia, la buena, la del corazón.

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