Carlos Gil Gamundi.

 

La recreación del universo del arte en la esencia del lenguaje de la feminidad.

 

 

 

Cuando me adentré en las profundidades de la obra de Carlos,  me impactó la destreza, la pulcritud, la delicadeza con la que un disparo certero, de una simple cámara mecánica era capaz de ensalzar en cromática y versatilidad artística, la evidencia de la belleza femenina, de la universal mirada y visión de lucidez.

 


Fueron sus obras de artísticos desnudos, de feminidad, de elegancia y de elementos contrapuestos en la recreación de la belleza, en las formas reales e imaginadas de la “pixelacion”  de sus obras, los que me contagiaron  de admiración por el semblante del hombre, que le decía a su mano, que le dijera a la velocidad de la cámara, que le dijera a la obturación de la lente que disparara justo en ese instante.

 


Instante en el que las fugaces ráfagas de luz sucumbían de una manera locuaz, casi con la magia de lo efímero del instante,  con la exactitud del momento preciso, en la que  un visionario de la estética pictórica,  es capaz de comprender en segundos la interpretación de sus pensamientos, de sus formas imaginadas previamente en la conciencia del artista, y que las pone en manos de la tecnología para rendirle pleitesía a la belleza femenina.

 

 

 

Su obra esta repleta de germinaciones estéticas del romanticismo, donde prevalece la esencia del sujeto sobre el objeto, donde se le da el  protagonismo a la naturaleza de las cosas, tomando conciencia del ser y del mundo que lo rodea, de su mundo, donde la originalidad subjetiva de la recreación toman formas de pinceladas cromáticas en el aire, la proveen de espacio y de luminosidad para cautivar la razón de la feminidad.

 

 

 

Sólo retrocedo un poco en la historia del arte, del arte en  su mas extendida conceptualidad y me recreo en la mujer de Nefertiti, en la Venus del Nilo, en la Gioconda, en las Majas de Goya, en esas formas femeninas del Paleolítico y comprendo que Carlos Gil sea un inmortalizador de la esencia, de la pureza, de la belleza y del universal lenguaje de la mujer, de la feminidad.

 

 

 

Absorto en su obra, me cautiva la  razón de la mujer como sujeto de su creación artística, de su deambular por lo recónditos secretos que alberga el corazón de la feminidad y los plasmas con sutileza, con ese leguaje subliminal de la creación entre el consciente y el inconsciente, exponiendo el cuerpo indefenso, con toda su vulnerabilidad, con transparencia en la mirada.

 

 

 

 

 

Al igual que sus fotografías, su pinturas no se basan en los arquetipos de la belleza, Carlos rompe este concepto con rotundidad en la concepción de la belleza como un mero transmisor de emociones, de placenteras emociones, sino de pertrechar con una visión artística, algunas veces contundente y otras preñadas con surrealismo vanguardista,  mas allá de la trascendencia poética de la esculturalidad, las plasma en su lienzo y arranca de la pinceladas y de los contrastados coloridos el arraigo de la feminidad, de toda la feminidad en el proceso de la vida,  sin detenerse en el espacio y en el tiempo de la feminidad, sino para adentrarse en todas las etapas del proceso biológico.

 

 

 

Admirable la rica diversidad de matices, de las técnicas empleadas por Calos, tanto pictóricas de pinceladas como las de disparo corto mecánico. Desde las más sutiles y delicadas visiones románticas  hasta los más  atrevidos en colorido, en formas, en poses, en escenografitas pasando por toda una extensa gama de matices y sentidos...

 


Sin duda su obra no analiza, no enjuicia las cualidades y valores de la feminidad, solo la realza y la eleva a la máxima potencia.

 

 Pepe Viéitez

 

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