No se puede hablar de Carlos Gil Gamundi como un pintor, o un fotógrafo. Es mucho más que la mezcla de ambas cosas. Es un torbellino incansable de alegría, constante búsqueda, y respeto absoluto por la modelo. Un fotógrafo autodidacta, que aprende de sus amigos, y de sus errores, y evoluciona poniendo en práctica nuevas ideas, composiciones con el cuerpo de sus modelos, encuadres diferentes, colores con texturas…


Su fotografía lleva su sello, la belleza como estandarte, los colores como pilares fundamentales de su forma de entender el mundo, y libertad, absoluta libertad a la hora de mostrar lo que capta su retina, sin consideración con las normas socialmente establecidas, ni en fotografía ni en el área del desnudo. Los cortes, la luz, todo queda en un segundo plano cuando quiere mostrar algo. Eso es lo que hace de su fotografía algo único, e inclasificable.


Las imágenes que crea con su cámara son lienzos en los que va plasmando sus deseos, sus sueños, como antaño hiciera con sus cuadros. Los protagonistas de esos lienzos tan sólo nos dejamos llevar por su imaginación desbordante, por su forma diferente de tratarnos, haciéndonos sentir mujeres bellas y queridas, por encima de cualquier cosa, y en ocasiones resulta sorprendente la sensación de que es una persona extraterrestre que te invita a entrar a formar parte de su mundo personal.


Una sesión con Carlos no es lo que a primera vista podría parecer. Cuando bajas las escaleras, y te sumerges en el estudio, todo cambia. Se trata de un trabajo mano a mano, en el que a medida que pasan los minutos, los cambios de estilismo, y la música a un volumen altísimo, se crea una atmósfera de exaltación de los sentidos, de la sensibilidad, en la que las modelos nos sumergimos, guiadas por Carlos, hasta dar de nosotras mismas cosas que ni siquiera somos conscientes de tener dentro. La forma de explorar en sus modelos, de ser paciente y reforzar cada uno de los pequeños logros, cada gesto, consigue que los modelos quiten toda vergüenza y estén cómodos desnudos y posando, y esto es uno de los mayores logros que pueden alcanzarse haciendo fotografía de desnudo. Crecemos con Carlos, a medida que él crece con nosotras.


Pero el honor no radica exclusivamente en estar delante de su objetivo. Lo importante es que se convierte en tu familia. Desde la primera sesión, los Gamundis aparecen como personas reales, sin doblez, de las que no tenemos la suerte de encontrar tan a menudo. Una familia que siempre vela por ti, y te apoya en todo. Y de esta manera, la fotografía pasa de ser el objetivo principal a ser tan sólo un vínculo más, desplazado por el amor.

 

Nerea